jueves, 8 de diciembre de 2011

BALLENAS: ¿SE REINICIA LA MATANZA?



                                      BALLENAS: ¿SE REINICIA LA MATANZA? 
   Por Federico Serino 
   Miembro de Solamac 
   Dive Instructor ACUC

Fecha: Junio 1998

Desde la moratoria acordada por la ahora proclamada “COMISIÓN INTERNACIONAL DE LA BALLENA” (IWC) en el año 1986, donde la prohibición total de caza fue el eje de la reunión, vemos que las cuotas asignadas para las capturas científicas (permisos de captura que tienen ciertos países para estudios científicos) fueron sistemáticamente violadas y aumentadas.

Haciendo un poco de historia, el primer registro de caza de ballenas se remonta al año 2000 a. C., donde ciertos aborígenes de la península de Florida se acercaban a las costas para atrapar a los cetáceos; las capturas las realizaban tapando sus respiraderos y ahogándolos.

En esta etapa podemos denominar las capturas como caza de subsistencia, pero a partir del siglo X con los pueblos Vascos de la bahía de Vizcaya, se inicia la caza comercial con la persecución en lentos botes de la llamada ballena sarda o vasca (Eubalaena glacialis).
En el siglo XVI, los ingleses y holandeses aprenden y mejoran las técnicas balleneras, como consecuencia se produce una gran disminución en la población de ballenas francas. Otra nefasta invención nos deja el año 1865 con la creación del arpón mecánico, del cual existen dos tipos: el primero es el llamado “arpón frío” que causa la muerte por impacto o por desangrado del animal; y el “arpón explosivo” que al tener una punta detonante mata rápidamente a la ballena, con una alta destrucción de grasa y tejido.

La historia de desdichas y matanzas nos trae al año 1931, con la reunión de países interesados con la explotación ballenera (Francia, Noruega, Inglaterra entre otros), donde forman la “Convención para Regular la Caza de Cetáceos”.

Una de las primeras medidas impuestas fue prohibir la caza de la ballena franca (E. australis y glacialis) y gris (Eschrichtius robustus); limitar la captura de cetáceos en determinadas zonas y prohibir la caza de ballenas azules (Balaenoptera musculus) y ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) en la Antártida.

Cronológicamente a partir de 1946, donde 19 países incluyendo a la Argentina, se reúnen en Washington para crear la “Comisión Ballenera Internacional”(IWC), donde se acuerdan cuatro puntos fundamentales:

1. Proteger a las crías de todas las especies.
2. Limitar científicamente el número de ejemplares capturados.
3. Crear reservas integrales.
4. Prohibir toda captura de animales que pertenezcan a especies en peligro.

1962: Acuerdo sobre la protección total de stocks de ballenas azules (B. musculus) del Indico -Atlántico.
1972: Prohibición total de captura de ballena fin (Balaenoptera physalus).
1975: Métodos matemáticos para determinación de poblaciones. Se propone la interrupción total de las 
           capturas, la cual no fue aceptada.
1980: Prohibición de la utilización del arpón frío, excepto para ballenas minke (Balaenoptera
          acutorostrata). Este método dejaba un saldo de un 6% de animales que morían en el acto, y el resto
          sufría una lenta y terrible agonía antes de morir.
1981: Prohibición del arpón frío para ballenas minke (B.acutorostrata).
1982: Primer moratoria que tenía en cuenta la no captura de poblaciones costeras y antárticas.
1986: Moratoria total.

En resumen, esto es lo que sucedió. Pero... que es lo que está pasando realmente en la actualidad?
Desde el año 1993  el número de capturas anuales con fines científicos se ha incrementado. Al principio  con unas pocas ballenas aquí y otras pocas allá... . La realidad es que nos  encontramos con un aumento desmedido en los cupos fijados, y los supuestos ejemplares de estudio terminan en las góndolas de los supermercados para el preparado de diferentes platos gastronómicos.



Veamos un cuadro refiriéndonos a este hecho:

                             CAPTURAS ANUALES


  

AÑO

APROBADAS POR IWC

NORUEGA

JAPÓN

TOTAL


1995
388
218
330
936
1996
388
382
440
1210
1997
388
503
540
1431
1998
388
671
+ de 540
+ de 1.594

En este cuadro no se incluyen a Canadá y las tribus de Alaska que tienen una cuota asignada como capturas de supervivencia.
Los números son referidos a ejemplares de ballena minke (B.acutorostrata) que es la especie que menos a sufrido la caza comercial y que según estudios científicos ha visto incrementado su número total en aproximadamente 750.000 ejemplares, al ocupar el nicho alimentario dejado por otras especies de cetáceos altamente perseguidos. Este argumento parece ser el eje de las discusiones en que se centra la petición de reinicio de las capturas comerciales por los países que siguen teniendo intereses en la comercialización de productos de la industria ballenera.

También existe la problemática actual de la competencia legal de la CBI para manejar o administrar a los llamados pequeños cetáceos. Muchas de estas especies aparecen dentro de las 200 millas de los mares territoriales y algunos países piensan que son más apropiadas las reglamentaciones locales o regionales. Ciertamente hay una gran necesidad del manejo adecuado de estos animales, muchos de los cuales están bajo la amenaza de capturas directas o indirectas por la industria pesquera, o bajo la amenaza de la contaminación.

Desde 1993 Japón quiere levantar la moratoria impuesta por la comisión. Durante el desarrollo de las reuniones de Kioto (1993) y México (mayo  de 1994) se ha intentado presionar para que esto ocurra, contando con el apoyo de los votos de ciertos países insulares centroamericanos que los canjearon por una supuesta “ayuda humanitaria”.

En los últimos años afortunadamente ha habido una disminución en la utilización de productos derivados de la industria ballenera. Aun así los países decididos a capturar ballenas con fines científicos luchan por la colocación en los mercados de carnes y aceites; viéndose incrementado este negocio por una gran cantidad de balleneros clandestinos que surcan los mares en busca de presas.

En el futuro las reglamentaciones de normas concernientes a la protección de cetáceos y la aceptación de dichas normas por parte de los países disidentes será el corolario final acerca de este preocupante tema de conservación.



Federico Serino
Miembro de Solamac
Rescue Diver PDIC


Bibliografía-fuentes
·         Material de divulgación del departamento de conservación de la Fundación Cethus.
·         Internet: “Whales on the Net” (16/06/98)
·         Conferencia sobre explotación y conservación  de ballenas. Alexandre Zerbini. Dpto. de Zoología Universidad de San Pablo.

Agradecimientos: A Hugo P. Castello del departamento de mamíferos marinos del Museo Argentino de Ciencias Naturales, por la revisión del texto.




Anexo:
La  masacre de cetáceos  en las Islas Feroe  (Dinamarca) se realiza cada año como una ceremonia de iniciación para los adolescentes que llegan a la adultez. En esta “tradición”, los jóvenes matan anualmente unos 900 calderones (Globicephala melas )y delfines del Atlántico

Uno de los argumentos de los feroneses para defender la actividad, es la obtención de recursos principalmente nutricionales en una geografía que es poco apta para la agricultura o cría de animales. Sin embargo, estudios realizados en calderones varados en las Islas Británicas demostraron los altos niveles de metales pesados (como plomo y cadmio) encontrados en la carne de estos animales, transformándose en un grave riesgo para la salud del consumidor


 

Sangre de los cetáceos luego de la masacre (Foto cortesía Marco Paoluzzo)


"Chapoteando" en un mar rojo (Foto cortesía Marco Paoluzzo)

       Con ganchos atraviesan la cabeza de los animales aun vivos (Foto cortesía Marco Paoluzzo)


Los animales mansamente entregados a la carnicería (Foto cortesía Marco Paoluzzo)


Procesamiento de las víctimas (Foto cortesía Marco Paoluzzo)

Se los lleva a la costa para procesarlos (Foto cortesía Marco Paoluzzo)


Nuevamente... un mar de sangre (Foto cortesía Marco Paoluzzo)

La gente observa su tradicional masacre (Foto cortesía Marco Paoluzzo)

Fuente: The Explorer Journal. Summer 2007. Peacefully, Watching The Slaughter, by Russell Fielding. Photo Marco Paoluzzo






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