lunes, 17 de octubre de 2011

Jacques Ives Cousteau, buceando en el "mundo silencioso"


Jacques Ives Cousteau, buceando en el "mundo silencioso"

Por Federico J Serino
Instructor de Buceo ACUC,
Miembro  SOLAMAC (Sociedad Latinoamericana de Especialistas en Mamíferos Acuáticos).

Jacques Ives Cousteau. Foto Enciclopedia "Mundo Submarino"


11 de junio 1910- 25 de junio 1997

Que se puede contar de Cousteau que ya no se haya dicho o leído... quién no ha visto alguno de sus innumerables documentales donde muchos de nosotros soñamos con fantasías acerca del gran azul... quién no ha sentido el placer de la ingravidez al sumergirse en el agua... fue gracias al ingenio e inventiva de este gran hombre que hoy el buceo deportivo, técnico o profesional es un hecho que ha abierto el conocimiento de los abismos más profundos de nuestro querido y maltratado planeta.
Corría la década del 20 y los franceses disfrutaban de “La Belle Epoque”, muchos grandes inventos y nuevas experiencias caracterizaron el comienzo del nuevo siglo: los hermanos Lumiére deslumbraban con el cinematógrafo; Louis Blériot cruzaba el canal de la Mancha con su monoplano de 25 cv. en una desenfrenada carrera contra Hubert Latham. Todo esto pasaba frente a los ojos de un deslumbrado joven francés que tenía muchas inquietudes y una gran pasión: el mar.
Cousteau conoció por esos años a Emile Gagnan, un empleado de un oscuro laboratorio de Air Liquide, quién ideó una válvula interruptora automática para los autos a gas de la época, que ante la escasez de gasolina producida por la recesión, utilizaba ese combustible como sustituto. Eso era justo lo que Jacques necesitaba para el equipamiento que había ideado, la adaptaron y ajustaron y éste fue el inicio de los primeros equipos autónomos de buceo.
La historia nos lleva a una mañana de junio del año 1943, en Ville Barry en la Riviera francesa, bajo una oculta cala rocosa a la sombra de las miradas de la gente y de los soldados de las tropas de ocupación. Allí, en una caja de madera enviada de París, estaba este nuevo e ingenioso aparato: el pulmón automático de aire comprimido, más famoso y mundialmente conocido como “aqualung”. Junto con sus inseparables compañeros de buceo, Philippe Tailliez y Frédéric “Didi” Dumas, desembalaron el conjunto de tres botellas de aire comprimido de tamaño mediano, unidas a un regulador de donde partían dos mangueras que se unían en una boquilla, que les entregaría aire a demanda sin importar la presión del entorno. Con este equipo sujeto con unas correas a sus  espaldas, unos lentes que cubrieran los ojos y la nariz, y un par de aletas de goma para los pies, comenzó lo que luego sería la más impresionante serie de inmersiones que permitió conocer las profundidades del océano tal como hoy las conocemos.
Luego de finalizada la ocupación alemana de Francia, en su condición de capitán de la marina, junto a Taillez y a Dumas como especialista civil, formaron el “Groupe de Resercherches Sous-Marines” (Grupo de Investigaciones Submarinas). Una de las primeras tareas encomendadas fue la de limpiar los puertos y bahías de minas explosivas y barcos hundidos. También experimentaron con la fotografía subacuática utilizando películas de 35 milímetros en blanco y negro para cámara fija “Isopan F”, encerrada herméticamente en un frasco de vidrio de dos litros. En esta técnica no fueron los pioneros, ya que el propio Cousteau narra que las primeras experiencias se realizaron en el año 1914 por un americano llamado J. E. Willamson.
Vendría luego su primer cortometraje: “A dieciocho metros de profundidad ”donde filmaron un vapor británico hundido: el Dalton; seguirían “Pecios” en 1943 y “Paisajes del silencio” en 1944. Finalmente en 1956, después de dos años de filmaciones y más de mil inmersiones llegaría “El Mundo Silencioso” por el cual recibiría un Oscar de la Academia. Esta película-documental tuvo un fuerte impacto sobre el público, sobre todo la escena donde se veía a Dumas bailando un vals con “Ulises”, un gigantesco mero de casi dos metros. La crítica cuestionó a Cousteau por haber presentado estos filmes en plena ocupación alemana, pero según él, las películas servían para levantar la moral de la juventud francesa.
Siempre a su lado, acompañándolo en todas sus iniciativas, estuvo su primer esposa, Simone Melchior, hija de un oficial retirado de la marina quien por ese entonces se desempeñaba como ejecutivo de Air Liquide. Se casaron el 12 de julio de 1937 y tuvieron dos hijos: Jean-Michel y Philippe. Con Philippe como camarógrafo submarino y más cercano colaborador, trabajó en toda la primer serie de documentales que se realizaron gracias a un acuerdo con la cadena televisiva americana ABC, y que se llamó “El Mundo Submarino de Jacques Cousteau ”.
La exploración y filmación submarina era un hecho, pero Cousteau necesitaba su propio barco y su anhelo se cumplió en el año 1949 cuando encontró un dragaminas de la 2º guerra mundial (por ese entonces era un transbordador en actividad) construido en Seattle en 1942, que sirviera en la Marina Real como el dragaminas J-826. Fue en su función como transbordador que lo bautizaron Calypso, que según la mitología griega era una ninfa hija de Océano y Tetis. La leyenda dice que fue Cousteau quien bautizó al barco y que lo obtuvo bajo la promesa de no revelar la identidad del millonario inglés que había financiado la compra. El benefactor fue Noel Guiness y el contrato se firmó el 19 de julio de 1950. La embarcación fue convertida, con ahorros del propio Cousteau y varios de sus amigos, en el primer buque de investigación oceanográfica dedicado casi con exclusividad a esta naciente disciplina (en un principio el barco también fue utilizado para exploración petrolífera, lo que les permitía sumar fondos extras para otras actividades); con sus 40 mts. de eslora, el barco tenía capacidad para aproximadamente 30 personas entre tripulantes buzos y científicos. A bordo de su querido Calypso recorrió miles de millas marinas por todo los mares del planeta; ese era su hogar y el de su esposa Simone, que era la verdadera señora del barco. Ella constituía la fuente permanente de un gran sentimiento familiar y estaba pendiente de cualquier cosa que necesitaran sus “muchachos”. Así la recordaba Albert “Bébert” Falco, uno de los más cercanos colaboradores de Cousteau y jefe de su equipo de buceadores entre los años 1952 y 1989.
Lamentablemente la historia del Calypso finalizó en un puerto de Singapur, en enero de 1996 cuando estando amarrado fue embestido por un remolcador. Ahora se encuentra en Marsella pudriéndose lentamente, aunque hay pedidos de la Sociedad Cousteau hacia el presidente francés para repararlo y convertirlo en un museo flotante.
En su constante búsqueda del conocimiento también tuvo muchos momentos desagradables, Cousteau mismo junto a “Didí” Dumas, experimentaron con sus propios cuerpos los efectos de la presión o la utilización de diferentes mezclas gaseosas para lograr mayores tiempos de permanencia o mayores cotas de profundidad. Así los abismos cobraron una de las primeras víctimas en su equipo: Maurice Fargues. En una serie de inmersiones, donde trataban de conseguir superar la cota de los 120 mts., se ahogó. Cuando lo izaron hacia la superficie lo encontraron con el regulador fuera de su boca, por lo que pensaron que sufrió los efectos de la narcosis nitrogénica, por entonces conocida como “embriagues de las profundidades”. En la Antártida, en el año 1972, una nueva desgracia golpea al grupo de marinos: el primer oficial Michel Laval fue a recibir un helicóptero que estaba por aterrizar en la isla Decepción; se resbaló en el hielo y fue alcanzado por la hélice del aparato, matándolo instantáneamente. Pero la mayor desdicha sufrida por el viejo Capitán fue la pérdida de su amado hijo Philippe. Fue el jueves 28 de junio de 1979, Philippe intentaba aterrizar el hidroavión Catalina PBY en el río Tajo en Portugal; éste avión fue adquirido para asistir las tareas del equipo, y en ese momento servía de apoyo táctico para Falco que estaba experimentando con una estación subacuática. 
Cuando niveló al PBY (como lo había hecho cientos de veces) tocó con algo que lo sacudió y los tiró a todos hacia delante. Enseguida se dieron cuenta que estaban hundiéndose; se lanzaron a las aguas barrosas y llegaron a la costa; allí el copiloto Hank Levibach, descubrió que Philippe no estaba con ellos. Las versiones sobre el accidente eran contradictorias: algunos decían que una tapa de inspección del hidro estaba abierta y que al tocar el agua produjo el accidente matando al desdichado a causa del desprendimiento de una hélice; otras, que habían chocado contra un banco de arena.. En ese momento el Calypso estaba navegando por el Caribe filmando naufragios cuando llegó la terrible noticia: Cousteau y Simone se derrumbaron, pero no hicieron público su dolor y dispusieron que el cuerpo de Philippe fuera enterrado en el mar tal como fuera su deseo. Éste desgraciado hecho fue el que acercó al padre con su otro hijo que en ese momento no participaba en los negocios de la Sociedad. Jean-Michel tenía su vida aparte como arquitecto naval y por mucho tiempo estuvieron distanciados sosteniendo una tensa relación; a partir de aquí, padre e hijo se encontraron y Cousteau le ofreció el lugar dejado por su hermano.
Nada fue igual después de la muerte de Philippe: Cousteau envejeció de golpe; “mi castigo será trabajar hasta morir” le dijo a Falco, y lamentablemente la relación del resto del equipo con Jean-Michel no era la misma que habían mantenido con su fallecido hermano. La tripulación del Calypso se encontraba en el río San Lorenzo en Canadá, estudiando la contaminación, Falco era el jefe de la misión, Bernard Delemotte el buzo principal y Dominique Sumian estaba a cargo de las exploraciones específicas, y cada vez más a menudo, Cousteau debía intervenir para suavizar las tensas relaciones entre ellos y su hijo mayor.
Cousteau llegó por primera vez a Buenos Aires en el año 1962; en 1972 viajó hacia la Antártida para estudiar los efectos de la contaminación en el continente blanco; en 1985 nos visitó por última vez mostrándose muy angustiado por los problemas ambientales de nuestro país, sobre todo por el alto grado de degradación que presentaba el Riachuelo. Su paso por la Argentina generó adhesiones y críticas, lo que fue una constante en sus recorridas alrededor del globo.
Un Cousteau cada vez más duro y más comprometido con los temas ambientales y con la degradación del ambiente marino, levantó su voz e influencias para atacar este tema que aún hoy ocupa los primeros lugares en aspectos de la salud del planeta. El fracaso de la conferencia de Caracas para determinar la Ley del Mar en 1976 lo enfureció, alegando que se habló mucho de derecho y poco del mar. Lo que Cousteau proponía era que una autoridad oceánica internacional dictara las normas y reglas a seguir sobre la explotación racional de los recursos de los océanos, pero que las naciones costeras fueran las responsables de ponerlas en práctica en sus respectivas zonas económicas. Se pidió una modificación en los métodos de pesca industrial que tanto daño hace a las poblaciones de peces y a los fondos marinos, y se solicitó que extensas franjas costeras quedaran libres de explotación. Cuanto más endurecía su posición más críticas recibía: ¿cómo el hombre que estaba comprometido con la presencia de los humanos en el mar, que imaginaba comunidades, vastos complejos industriales y hasta naciones que prosperarían en el mar ahora había dado ese vuelco?. Evidentemente Cousteau había cambiado. Desde su primer serie de documentales, donde probablemente podríamos estar de acuerdo que sus métodos no eran lo suficientemente simpáticos para la actual tendencia ecologista, a la última serie de documentales llamada “La Odisea de Cousteau”, mucha agua había corrido bajo la cubierta del Calypso. No nos olvidemos que las primeras tomas fueron rodadas en el año 1967, y que en esa época todo estaba por descubrirse; en realidad si algunas escenas fueron preparadas o ambientadas igualmente han dejado un gran impacto en el público y que fue Cousteau el que estaba descubriendo junto a su equipo y a los televidentes ese nuevo mundo acuático. Después de su muerte su hijo Jean-Michel dijo: “Todo el que hace algo es criticado, los que no hacen nada no lo son”. Mucho tiempo había pasado, casi cincuenta años de viajes, descubrimientos y desgracias... pero igualmente Cousteau siguió trabajando: junto con Lucien Malavard, un experto en aerodinámica que había trabajado en los diseños de los aviones Concorde y Airbus, modificaron los planos del año 1924 de un constructor alemán Anton Flettner, de un barco impulsado por dos grandes cilindros que utilizaban principios aerodinámicos de diferenciales de presión para conseguir el empuje necesario para navegar: había nacido el “Alcyone”, otro de los legados de Cousteau para la humanidad.
Sus últimos años no fueron de los más felices: enemistado nuevamente con su hijo Jean-Michel y observando que a pesar de sus recomendaciones, las naciones no hacían lo suficiente para mejorar la calidad de vida de un mundo que se degrada en forma acelerada, comenzó a preguntarse cuál era realmente la leyenda que se había formado a través del nombre Cousteau. Había descubierto, viajado, enseñado, mostrado y alertado al mundo entero de lo que él mismo había aprendido. A pesar de esto sus detractores aprovecharon sus debilidades para atacarlo aún con más insistencia.
Su amor eterno era el mar, al que esperaba no tener que dejar jamás, ese océano donde pasó la mayor parte de su vida y que nunca lo traicionó. Su extraordinaria curiosidad se contagiaba con naturalidad al resto de su tripulación. “Il faut aller voir”, repetía... “debemos ir y verlo por nosotros mismos”, con la eterna convicción de que para conocer a fondo nuestro planeta debíamos sumergirnos en él.




Foto del buque Calypso cuando funionaba com dragaminas (1)




El Calypso y el Alcione, navegando juntos (2)


El Calypso hundido (3)


Centro de la foto, Albert Falco (4)


BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES
- Cousteau, por Axel Madsen. Ed. EMCÉ.
- El mundo Silencioso, por J.Y. Cousteau y Frédéric Dumas. Ed.  Ediciones Selectas.
- National Geographic, feb. 1998.
- Cousteau, documental producido por la BBC de Londres. 1998.

Fotografías:

 1 a 4 .
Foto Enciclopedia "Mundo Submarino"

LOS GIGANTES, ascenso al Cerro "La Cruz"

LOS GIGANTES, ascenso al Cerro "La Cruz"

Por Federico Serino, Miembro del Explorer Club


En mayo del 2011, luego de un "viaje relámpago" de toda la noche, llegamos a Carlos Paz, provincia de Córdoba.
Después de un rápido desayuno, nos dirijimos hacia "Los Gigantes", pasando la localidad de Tanti, donde arribamos aproximadamente a las 6 AM. Desde allí emprendimos la caminata por la senda que corre lindera al arroyo, encontramos un lugar para armar las carpas y luego de preparar la "ferretería" (mosquetones, empotradores y demás elementos que ayudan y aseguran la escalada en paredes), iniciaríamos el ascenso al Cerro La Cruz de 2300 metros.

Una de las rutas utilizada fue la denominada "Diedro chico"clasificada como 4+ en un recorrido vertical de aproximadamente 120 metros (Durá Guillermo, Escaladas en Córdoba, Los Gigantes, may 2009. pag 37).
El inicio de la ruta es por una pared desplomada de un granito muy áspero a "pura adherencia" donde se debe cargar el peso sobre los pies y pegarse a la pared como una lagartija!!.
Luego de unos pasos Dülfer´s (técnica para escaladas por salientes donde los pies se ponen en contraposición) nos encontramos con un balcón expuesto que se superó a "pura adrenalina".

De allí a la cumbre ya quedaban algunos cientos de metros fáciles y enteramente disfrutables.

La expedición estuvo organizada y guiada por Álvaro Anes, de la escuela de montaña "Azimutrek", gran amigo y excelente profesional.


Los Gigantes, Tanti, CBA. Cerro La Cruz, cumbre. 2300 m. Escalada  (may)

Nota: Las disciplinas de escalada, montañismo y la espeleología son actividades de riesgo. Las montañas y las cuevas constituyen un ambiente cambiante y de riesgo. Se recomienda iniciar cursos con personal competente y la utilización de equipamiento homologado y actualizado.



Fuente: secretaría de turismo



Fuente: secretaría de turismo


Llegando a la "Rotonda"

Fede, Álvaro


Inicio de la senda


Carga completa

Con algunos kilos "extras"... 30!! como pesan los fierros!!







Campamento montado





El Diedro Chico, 4+, 120 metros



Diedro Chico, otra vista
































Rapelando desde la Cruz


Ahjjj!! las fisuras!!




Relevo con chapas y parabolts



Vista de la cumbre del Cerro La Cruz


Fede, Álvaro, Ricardo. Luego de la cumbre

Referencias:

http://argentinaclimbing.blogspot.com/2007/10/los-gigantes-crdoba.html